LA CAJA DE PANDORA MAGAZINE

viernes, 30 de abril de 2010

Scream en Películas que nos marcaron. La visita de MGE


MGE es un cinéfilo de pro que demuestra cada día en su blog que una imagen vale más que mil palabras. Prueba de ello la tienen ustedes en "El día de la tromba", donde con tan sólo ver un fotograma y leer una frase, toda la película pasará rápidamente por su cabeza.

La propuesta que nos trae hoy aquí el amigo MGE, fue una sorpresiva y rompedora vuelta a los orígenes de Wes Craven al género de terror. Con ustedes...

Scream: Vigila quien llama

Para mí, Scream ha adquirido la categoría de mito. Para muchos revivió el cine de terror luego de un largo letargo, para otros, simplemente es una película más. Para mí no es ni lo uno ni lo otro, es un mito. Digo esto porque de los mitos no se sabe su origen, se podría decir que son atemporales o eternos, que están ubicados fuera la historia. Y la verdad es que yo no recuerdo cuándo fue la primera vez que vi Scream completa. Tengo presente el visionado de una escena, la inicial, la que es para mí una de las mejores escenas iniciales que he visto y que jamás veré. Recuerdo que sucumbí a sus 13 minutos de perfección, porque a fines de los 90 mi vínculo con el cine recién estaba dando sus primeros pasos y el terror me atraía pero, valga la redundancia, también me aterraba. Sea como fuere, la cuestión es que de mi primera experiencia con la película de Wes Craven puedo evocar el videoclub en el cual la alquilé, que todavía existe, y el hecho de que era de noche y hacía calor cuando osé posar mis ojos sobre ella. A eso le puedo agregar que el evento aconteció en la casa de mis abuelos (no les recomiendo visitarla de noche, el techo cruje, tiene un cuarto rojo a lo Twin Peaks, y un reloj que da campanadas cada ¡quince minutos!) De ahí al trauma hay un paso.

Intentaré ser claro y conciso. Scream, además de poseer un mundo propio, chorrea autoconciencia. No es un dato menor, porque eso la distingue de otras películas de “terror para adolescentes”. Lo que la hace grande es que es una película que se piensa a sí misma y al hacerlo se autoparodia. Lo mismo ocurre con sus continuaciones. Sus guiños a otras películas son muy interesantes y, al igual que Zombieland (solo que 14 años antes) nos presenta las reglas que debemos cumplir para sobrevivir a una película de su tipo. Se me vienen innumerables frases a la cabeza (“¡Por favor, no me mate Sr. Asesino, quiero estar en la secuela!”) para compartir, pero los invito a ver la película cosa de que puedan llegar vírgenes a ella. Quienes la hayan visto sabrán que los impúberes y las doncellas cuentan con ventaja a la hora de sobrevivir.

El hecho de que elija a Scream también se debe a que la tiñe una cuota de nostalgia. Era toda una experiencia para mí, a los 13 años, ir a ver una película de terror al cine. Experimenté la segunda parte de Scream en pantalla grande. Éramos una banda de adolescentes (no había ni un adulto en la sala), muchos de los cuales estábamos lejos de los 16 requeridos para estar allí. Por suerte logramos sortear los obstáculos, representados en hoscos boleteros que no nos dejaban entrar, y a fuerza de hormonas y descaro, la función terminó siendo un éxito, o un delirio, según se vea. Hubo gritos, saltos, músculos tensos, risas y merecidos aplausos. Extraño esa sensación. Mucho ha cambiado entre los ‘90 y la primera década del siglo XXI. Cambió el mundo, cambiaron los espectadores, aparecieron nuevos formatos y se abandonaron viejas costumbres. El ojo se entrena, las películas se repiten y el asombro mengua. Crecemos y hay algo que se nos pierde.

Aun así, ocurren cosas, y hay que celebrarlo. La inocente Casey, la suculenta Tatum, el desquiciado Billy, la valiente Sydney, el cinéfilo Randy, la ambiciosa Gale y el tonto querible de Dewey sobreviven intactos en mi memoria. Y qué mejor manera de festejarlo que escribiendo sobre ellos.

Más allá de la incógnita sobre el origen de mi apasionamiento, una cosa es segura. Si un día suena el teléfono y algún asesino desquiciado pregunta por mi película de terror favorita, la respuesta no se hará esperar.

¡Gracias, Crowley!



martes, 27 de abril de 2010

Blue Velvet. Películas que nos marcaron. La visita de DVD



Si hay un lugar en el que disfruto de críticas intensas y originales, ese sin lugar a dudas es el rincón en el que Dvd da rienda suelta a su pasión cinéfila y nos hace reflexionar sobre todos y cada uno de los posts que escribe en "El indéfilo Cinesnable".

Hoy les trae a este espacio una grandísima película de un director fetiche para mi.

Señoras, señores, con ustedes David Lynch y...


BLUE VELVET


Atendiendo presto a la llamada de este bloguero de pro que es Crowley, intentaré explicar de alguna manera cuál fue la película que me ha marcado de por vida; porque en mi caso sí que ha sido sólo una la que abrió la brecha que separa lo meramente lúdico de lo pasional y trascendente. Esto no va a ser una reseña al uso ni nada parecido, sólo un intento de poner palabras a una sensación que se ha mantenido inamovible desde entonces, y ya ha llovido algo...

Era más o menos 1989 y yo empezaba a ver el cine de otra forma; atrás quedaba la adoración por Spielberg, Disney... ya saben. Yo escuchaba la radio por las noches (sí, amigos, Internet era una utopía entonces), algunas veces hasta muy tarde, y Carlos Pumares, desde la extinta Antena tres, impartía clases magistrales acerca del entusiasmo cinéfilo, llegando a veces hasta el paroxismo y/o fanatismo... ¡qué tiempos aquellos! Yo anotaba cada título, cada director, actor, año, compositor, productor e iba viendo lo que podía, aunque paradójicamente, el acceso a los clásicos era más fácil en la TV de entonces que en la de ahora. Sí, clásicos por un tubo; pero también había algunos títulos recientes que iban conformando el dúctil tapiz de "lo moderno"; y el moderno por antonomasia, el resbaladizo, el inasible, el adelantado y visionario es, desde hace varios años, David Lynch, y su obra más grande, más redonda y fascinante es BLUE VELVET. Y recuerdo que "fascinante" fue el término que Pumares empleó, no sin tomarse una reveladora pausa, para contestar a un rendido oyente que le interrogaba sobre esta obra maestra del séptimo arte.

La pregunta es (siempre lo ha sido): ¿Qué es BLUE VELVET? Para mí es mucho más que una película con un sentido del ritmo absolutamente rupturista. Me evoca tantas y tan contradictorias sensaciones, que siempre le he encontrado, tras unos treinta visionados, un nuevo sentido. Es tanto un descenso a los infiernos como una necesaria y dolorosa desvirgación sentimental; es tanto un thriller terrorífico como la cara más oscura del melodrama clásico; es la demostración de que EL MAL tiene rostro (Booth/Hopper) y de que su hermano mayor se llama LA PERVERSIDAD, que vendría a ser el recochineo en el dolor ajeno y que obtiene carta magna en la inolvidable escena en la que Hopper le suelta el discurso al pobre McLachlan con el fondo de Roy Orbison. Ese discurso vale más que infinidad de filmografías enteras (la de Lynch inclusive, jeje), y consigue algo inaudito: no es tan importante lo que se dice, ni siquiera cómo se dice; lo importante es el abanico de posibilidades que Lynch es capaz de abrir tras cada escena. Un mundo que esconde cientos de mundos, como en su impactante escena inicial, con la cámara descendiendo de un idílico cielo azul a la tierra donde los insectos se devoran unos a otros.

BLUE VELVET es aún mejor a medida que Lynch va demostrando que su crisis de ideas es cada vez más patente y que ya no puede filmar películas sino ideas, que es muy moderno pero aburre que no veas. Aludo de nuevo a la palabra "fascinación" para cerrar esta gozada que Crowley me ha permitido realizar, porque ¿qué es el cine, su esencia, sino quedarte con cara de pasmado ante una pantalla donde una vez más "creemos" que algo nuevo se nos revela? Algo así me pasó a mí hace ya más de veinte años; cada vez me gusta más el cine, así que me siento terriblemente afortunado.

Mis saludos y respetos tanto a Mr. Crowley como a todos los blogueros que aman el cine y lo expresan cada día...




domingo, 25 de abril de 2010

El juego de los domingos (1). ¿Qué película es?



Como el fin de semana suele ser tiempo de relax y ocio, desde hoy y hasta final de año les propongo un juego por todos conocido. El de adivinar una película a través de un fotograma de la misma.
Yo pondré el pantallazo de una película de mi colección y ustedes tendrán que averigüar de qué film se trata. Quien más veces acierte de aquí a final de año (o el que más puntos obtenga), se llevará un premio.
Obtendrá 3 puntos el que acierte primero y un punto todos los demás que también adivinen el film. Hay que decir qué película es y SÓLO podrán optar a premio aquellos que sean seguidores del blog a fecha de hoy (por el momento). Y hay de plazo hasta que se cuelgue el próximo post.
Y dicho esto..., ¿de qué película se trata?.

viernes, 23 de abril de 2010

Un chien andalou. Películas que nos marcaron. La visita de Mucipa


Hoy tengo el placer de recibir la visita de una interesante bloguera con la que, me van a perdonar, no puedo ser imparcial puesto que es parte de mi familia. Les hablo de Mucipa, esa incansable experimentadora visual, sonora y "textual" que siempre nos sorprende y nos hace reflexionar en ese didáctico y sugerente blog que es Mucipa.
Ha elegido para esta sección un clásico indiscutible de la historia del cine. Una obra siempre deslumbrante y llena de matices ocultos. Con ustedes...

Un perro andaluz.

Es un honor para mí el hecho de escribir un post para el blog de Crowley y, he de decir, que no ha sido tarea fácil elegir la película que más me marcó en mi infancia/adolescencia (porque tenía dos en mente), si bien al final me he decantado por Un perro andaluz de Luis Buñuel y Salvador Dalí (coautor del guión).
Es cierto que se trata de un corto y no de una película pero, como Crowley no me puso ninguna pega en que escribiera sobre esta obra de anti-arte, pues aquí estoy ahora asomándome hacia el interior de estos 17 minutos de cine que, desde mi punto de vista, no tienen desperdicio.
Tal vez lo que más me impactó de esta obra el día que un profesor de Literarura nos puso este corto en el instituto (yo tenía 16 años) fuese la archiconocida escena en la que un hombre secciona el ojo de una mujer con una navaja. En mi caso el impacto no fue únicamente por la “tirria” que puede llegar a causar el plano de un ojo que alguien corta en dos, sino también por la cara de aquel profesor incapaz de mirar a la pantalla en aquel mismo instante. Recuerdo que el más afectado era él. Por tanto, la situación de partida era ya surrealista para mí. Además, nuestro profe bromeaba siempre con el título, y nos decía: “Vamos a ver Un chino andaluz", comentario también algo surrealista que en aquella época yo no trataba ni siquiera de entender. Y, a propósito del idioma francés y sus juegos de palabras, aprovecharé para apuntar que, en un principio, esta obra (filmada en 1929) se iba a llamar "Es peligroso asomarse al interior" o "El marista en la ballesta", sin embargo, su título final fue Un perro andaluz, al cual no debemos tratar de dar ninguna explicación racional, en todo caso “surracional” (permítanme la invención del término), pues la obra, según declaraciones del propio Buñuel, está planteada desde un punto de vista vanguardista que consiste en “no aceptar idea ni imagen que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural”. Así pues, como curiosidad sobre el posible título Es peligroso asomarse al interior diré que se planteó como antítesis del mensaje “Es peligroso asomarse al exterior” que aparecía en los trenes franceses de aquella época. Se trata, por tanto, de una ironía que al final fue descartada por los autores, quienes se decantaron finalmente por un título que no tuviese nada que ver con las imágenes que aparecían en el corto. Añadiré también que Lorca (gran amigo de Buñuel y Dalí) llegó a ofenderse por el título de esta obra al sospechar que con el título los autores pudiesen referirse a él, pues era andaluz. Esto ocurrió en la época en que el poeta se encontraba en América.

En definitiva, es absurdo tratar de explicar la relación entre las diversas escenas de este corto, pues el objetivo de Buñuel y Dalí era precisamente plasmar una serie de imágenes oníricas que habían surgido de sus propias mentes mientras dormían.

Es decir, nos encontramos ante una obra onírica que enlaza directamente con el mundo de las sensaciones: la escena del burro muerto sobre el piano nos llega a producir repugnancia (como cuando tenemos una pesadilla y al despertar deseamos que todo haya sido un sueño); la escena de las hormigas saliendo de la mano del personaje nos puede sugerir la putrefacción (añadiendo el hecho surrealista de que ésta se produce sobre un cuerpo vivo); o la escena del hombre que acaricia desesperadamente los senos de una mujer nos puede llegar a transmitir los sentimientos reprimidos de la época.
Me he limitado a comentar sólo las escenas que se quedaron grabadas en mi mente la primera vez que vi esta obra en mi época adolescente.

No obstante, mi afán de ir un poco más allá ahora que he vuelto a recordar este film, me lleva a reflexionar sobre el surrealismo y a documentarme sobre el tema. Si indagamos sobre dicho término, pronto encontraremos que el surrealismo es un movimiento artístico que buscaba descubrir una verdad, con escrituras automáticas, sin correcciones racionales, utilizando imágenes para expresar emociones, pero que nunca seguían un razonamiento lógico.

Es interesante también conocer el primer manifiesto surrealista para poder integrarnos plenamente en la obra "Un perro andaluz". En el año 1924 Breton escribe el primer Manifiesto Surrealista y en éste incluye lo siguiente:
Indica muy mala fe discutirnos el derecho a emplear la palabra surrealismo, en el sentido particular que nosotros le damos, ya que nadie puede dudar de que esta palabra no tuvo fortuna, antes de que nosotros nos sirviéramos de ella. Voy a definirla de una vez para siempre: Surrealismo: "sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral." Filosofía: "El surrealismo se basa en la creencia de una realidad superior de ciertas formas de asociación desdeñadas hasta la aparición del mismo, y en el libre ejercicio del pensamiento. Tiende a destruir definitivamente todos los restantes mecanismos psíquicos, y a sustituirlos por la resolución de los principales problemas de la vida. Han hecho profesión de fe de Surrealismo Absoluto, los siguientes señores: Aragon, Baron, Boiffard, Breton, Carrive, Crevel, Delteil, Desnos, Eluard, Gerard, Limbour, Malkine, Morise, Naville, Noll, Peret, Picon, Soupault, Vitrac."

Cuando Buñuel y Dalí realizaron este cortometraje (año 1929) todavía no pertenecían al movimiento surrealista, pero ya recibían influencias de éste.
Así pues, tras leer el manifiesto, ya nadie debe obcecarse en buscar una conexión lógica entre las escenas de Un perro andaluz, más bien se nos puede ocurrir pensar que, al igual que en los sueños, todo sucede porque lo ha creado nuestra mente (en este caso la mente de Buñuel y Dalí), a raíz de las propias experiencias vividas, pero como una especie de collage (técnica que los surrealistas tomaron del dadaísmo), que une lugares, personajes y tiempos que, de forma lógica y racional, serían imposibles de mezclar.
AHÍ, PRECISAMENTE, SE ENCUENTRA LA MAGIA DEL CINE (¡Y DE LOS SUEÑOS!).


jueves, 22 de abril de 2010

Something wicked this way comes (o, ven y paga tu moneda para el Carnaval de las Tinieblas)


Durante estas pasadas vacaciones, poniendo un poco de orden en la casa del pueblo y rebuscando entre sus estanterías y armarios, me he encontrado con una película vhs de esas catalogadas como ligeras pero que disfruté mucho en su momento y bastante ahora que he vuelto a verla con otros ojos (de más adulto, quiero decir). Hablo de "Something wicked this way comes", o como se conoce por estos lares, "El carnaval de las tinieblas".

Lo primero que me ha sorprendido (ahora) es comprobar que me encontraba ante un producto de la factoría Disney (ustedes me van a disculpar, pero cuando la vi por primera vez, muchos años ha, a servidor no le importaban mucho estas cosas y ni tan siquiera se detenía a fijarse en ello). Y digo que me ha sorprendido porque me parece un rara avis en el Disney de aquellos años (y casi en el de ahora) ya que si bien las películas creadas por la factoría del tío Walt están llenas de momentos puntuales de terror (cojan si no me creen cualquier film de dibujos de esos con los que crecieron y compruébenlo), no tiene una película propiamente dicha de género (juvenil o teenager, pero género al fin y al cabo). No al menos como esta, que tiene un ambiente opresivo y desasosegante muy logrado (lástima que esos efectos especiales impuestos con posterioridad por la productora hagan que el film pierda parte de su magia y de su encanto retro).

La película de Jack Clayton está guionizada por Ray Bradbury, que adapta la historia homónima de un libro propio. Bradbury es un escritor exquisito y elegante, de esos que cuidan al milímetro su prosa y el ritmo que imprime a sus palabras. Y eso, lo ha sabido traspasar a la perfección del libro a la pantalla, dotando a los guiones de una cadencia y una impronta casi poética increíble (esas descripciones en off del otoño, o esas conversaciones padre-hijo son ejemplares) . Es por ello también, por su lirismo, que resulta tan difícil adaptar sus novelas de la forma magistral en que se debería hacer. De hecho, libros maravillosos como "Fahrenheit 451" o "The illustrated man", se quedan en películas poco más que correctas (la primera) o muy sencillas y hasta decepcionantes (como en el caso de la segunda).

La historia, que por momentos parece uno de esos viajes iniciáticos en la adolescencia de los que tanto gustan a Stephen King, nos cuenta cómo varía la vida para unas cuantas personas ante la llegada de un tenebroso circo a la ciudad (precedido e una profética tormenta) y con él la Tentación. Porque, ¿quién no se ha sentido tentado alguna vez en la vida por algo?. De hecho, si alguien te ofreciera lo que más deseas, ¿seríamos capaces de pararnos a pensar y ver si merece la pena y qué vamos a tener que entregar a cambio?. ¿Pagaríamos cualquier precio por conseguir nuestro más añorado deseo?.
En este caso que nos ocupa, las fantasias y anhelos de todos los habitantes del pueblo comienzan a materializarse y a hacerse realidad, pero tras esa aparente felicidad, se esconden el mal más absoluto y la moneda de pago más cara que nadie pueda imaginar (la vida misma).
El dueño del circo, Mr. Dark, ofrece milagros y sueños por doquier, pero unos niños y su padre, descubrirán que tras tan "generosa" apariencia se esconde un terrible peligro y un mortal secreto.
Lo que más desea el padre de uno de los niños, el viejo librero de la aldea, es ser joven de nuevo y gozar de una vida más larga y tendrá que ser fuerte y no ceder a la tentación de conseguirlo, porque si lo hace, todo el pueblo se verá condenado para siempre.
Cabe destacar, por encima de todo, la excelente interpretació orquestada tanto por Jonathan Pryce, en el papel de Mr. Dark (una especie de Moriarty satánico), como de Jason Robards, el viejo librero; no en vano, las mejores escenas son las que tienen a estos dos actores como protagonistas (los que la hayan visto, van a coincidir conmigo en que la escena de la biblioteca es una delicia).

Un film sobre sobre el mal y la redención, sobre la nostalgia de nuestras memorias y una alegoría al descubrimiento de la madurez, a la aventura que es crecer en un pequeño pueblo ajeno a la vida moderna y el "sense of wonder" que produce en nuestros pequeños corazones (cuando somos niños e inocentes) el mundo del circo, la magia que en él se esconde y sus infinitas posibilidades.
¿Una película menor?. Sí. No seré yo quien lo discuta. Pero, ¿mágica y seductora?. Pues también. Y eso, ya es mucho. Créanme.


Cineimágenes en casa de Angel "Verbal"Kint


Bien, todo lo bueno se acaba y a servidor se le acaban las vacaciones.
Menudo "susto" (agradable) me he llevado hace unos minutos al abrir el blog y ver la extensión de los comentarios del post anterior. Nada, me sentaré cómodamente y dsifrutaré de sus comentarios y les contestaré a todos uno por uno (pero con calma, entiéndanme).
Como mensaje de bienvenida, me he encontrado con que nuestro amigo Angel "Verbal" Kint, artífice de "El mundo de Ángel", ha colgado hoy mi humilde aportación a ese juego visual que ha llamado Cineimágenes.
Les invito a visitar (y a participar en) esta experiencia fílmica, pinchando AQUÍ.

jueves, 15 de abril de 2010

¿Qué es una buena película?


Aprovechando que me marcho de vacaciones unos días
, les dejo deberes para paliar mi ausencia y no me echen mucho de menos jejejejeje.
Les lanzo una pregunta que para mi tiene mucha enjundia y así, cuando regrese de mis días de asueto, veré si me sacan de mis dudas y me aclaran ustedes algo, porque...
...¿qué es una buena película?.
¿Qué hace buena a una película?. ¿Hay algún criterio que no sea subjetivo que prevalezca a la hora de calificar a un film?. Yo personalmente no lo creo. Pienso que inevitablemente nos dejamos llevar por nuestras filias y nuestras fobias a la hora de anteponer un film a otro en escala de valores. O es que van a negarme que no utilizan la frase "para mi una buena película es...". Para mi. Siempre está presente esa falta de objetividad que les menciono.
Porque veamos. ¿Es una buena película aquella que entretiene?, ¿aquella que nos hace pensar en ella aún después de que hayan pasado días desde que la vimos?, ¿es acaso una buena película aquella que nos hace sentir?...
¿Es mejor "American Beauty" que "Magnolia" si las dos hablan de lo mismo?. ¿Si?. ¿No?. ¿Por qué y para quién?.
¿Por qué "Citizen Kane" es considerada una obra maestra absoluta y una de las mejores películas de la historia y, por ejemplo, "Plan 9 from outer space" es catalogada como la peor?. Créanme si les digo que tengo conocidos que ante la de Welles han bostezado en reiteradas ocasiones y en cambio con la de Ed Wood no han parado de reir y hablar de ella durante días. ¿Están equivocados acaso estas personas y no tienen ni idea de cine?. ¿Acaso los dos directores no han puesto toda su pasión en conseguir una gran película?.
¿Cómo podemos afirmar categoricamente (yo el primero) que un film merece todos los elogios y no nos cansamos de recomendarlo si cada uno vemos las cosas de una manera diferente y valoramos lo que vemos con diferentes criterios?. ¿Por qué hay quien detesta a un director y alaba a otro y yo no le encuentro nada interesante a este segundo?.¿Acaso me equivoco?. ¿Se equivoca la otra persona?.¿Quién lo dice?.
No sé, no sé... ¿Y ustedes qué opinan?. ¿Qué es para ustedes una buena película?



martes, 13 de abril de 2010

Kynodontas/Dogtooth (o el peligro de no (dejar a otros) formar parte de la sociedad)



El mar es una silla forrada de cuero.

Como padre que soy, si hay algo que me preocupa sobremanera de mi relación con mi hija (entre otras muchas cosas) es la educación que pueda recibir de mi parte. Dicho así alguno puede pensar que no es realmente importante, ya que se supone que la vida va moldeando nuestro carácter contínuamente y nuestra personalidad se va asentando en sí misma poco a poco con el pasar de los años. Yo no lo veo totalmente así, me van a disculpar. Yo creo que los primeros años, sobre todo, de nuestra vida, nos marca y nos condiciona aquello que vivamos o dejemos de vivir, el cariño que recibamos o el que se pierda por el camino, las caricias que nos den o las bofetadas que nos condenen, las palabras que se nos digan y las que nos sean censuradas...
Porque el tema de la educación es muy complejo y delicado. Uno puede pensar en todo momento que está haciendo lo correcto, que está actuando con su hijo (o hija) de la mejor manera posible y puede que esté absolutamente equivocado y que lo que piensa que es lo mejor, sea diametralmente lo opuesto. Porque, ¿hasta dónde se puede moldear el carácter de una persona?. ¿Es lícito hacerlo?. ¿Dónde está la barrera de lo permisible?. ¿Cómo podemos creer saber qué es lo mejor para una persona si ni tan siquiera lo sabemos la mayoría de las veces para nosotros mismos?. Al intentar corregir al otro, ¿no estaremos consiguiendo el efecto contrario?. Tratamos de protegerles del mundo, ¿pero quién les protege de nosotros?...
No es de extrañar que este sea un tema delicado y abierto a debate, porque la educación es algo que ya desde tiempos de Platón ha preocupado, y mucho, al ser humano.
Y hablando de Platón, no puedo por menos que mencionar las similitudes que he visto entre esta película y el "Mito de la caverna" Platoniano. Con un mundo proyectado que no es real y un mundo, que si es real, exterior al hábitat de los protagonistas (también podría tener ínfulas de carácter bíblico y ser la cinta de video que lo echa todo a perder la versión modernizada de la manzana prohibida por Dios).

Los aviones son juguetes que cruzan mi jardín.

Si hay una filmografía europea que me es prácticamente desconocida (la que más), esa es sin duda la griega. Y de ese país que vio cómo en sus tierras surgía el pensamiento de la civilización moderna, nos llega la rompedora, surrealista, transgresora e inclasificable película de Yorgos Lanthimos, "Kynodontas" ("Dogtooht" en el mercado anglosajón y "Canine" en el francés).
A los pocos minutos de metraje no pude sino preguntarme si ese tal Yorgos no sería un pseudónimo de Michael Haneke, ya que la forma de rodar, con largos planos fijos de gente que no se ve completa, esa textura de la imagen, son características de dicho director. Una vez acabado el film, mi duda no había hecho sino aumentar y estaba por convertirse en certeza si no fuese porque vi una foto del director en un artículo de internet. Yorgos Lanthimos ha rodado con anterioridad a esta cinta, que yo recuerde, "Kinetta" y un cortometraje llamado "Uranisco disco". Este último, el cortometraje, me es desconocido y no he podido verlo, no así "Kinetta" que me gustó bastante aunque para mi es muy inferior a esta obra que les comento.

Coño es una gran lámpara que cuelga del techo.

El argumento del film gira en torno a una familia disfuncional (un padre, una madre y tres hijos), como tantas otras de nuestra sociedad, en la que el padre tiene a los demás miembros de la familia total y absolutamente enclaustrados en el chalet en el que viven a las afueras de la ciudad. No pueden salir de la casa, y si lo hacen (al jardín rodeado de una altísima valla), se les venda los ojos para que no vean nada y no se contaminen con el corrompido exterior. Para los "niños" (que ya no lo son pero están (mal)educados como si lo fuesen) las palabras no significan lo que para los demás. Así, "coño" pasa a ser "lampara grande que cuelga del techo", y "zombi" se transforma en "flor amarilla que crece en el jardín". Este concepto, el de que las palabras tengan acepciones distorsionadas de lo que realmente significan, me recordó (vagamente) al vocabulario imaginario empleado por los personajes de la novela "La naranja mecánica", o por el utilizado por Orson Scott Card en su saga de "Ender".
Y es que, volviendo al hilo que nos ocupa, la educación que están recibiendo, está siendo como sus padres deciden que sea, sin influencia de nadie más (aquí la televisión, la radio, internet y el cine son también armas nocivas que van en contra de la cultura y la buena educación, lo cual nos vuelve a acercar a Haneke nuevamente). La única persona que tiene acceso a la casa, proviene del mundo real exterior. Es una joven que trabaja como guardia de seguridad en la fábrica del padre y se le permite la entrada en casa únicamente para que satisfaga las necesidades sexuales del hijo. "Simplemente".
En una de esas visitas, Christine, la joven, se deja una cinta de video (una cinta de "Rocky") que cae en manos de una de las hijas que descubre otro mundo a través de ella. Desde ese momento el padre mira a su hija como una "infectada", como una portadora de un virus letal y le lleva a la terrible, aberrante y malsana conclusión de preferir el incesto a que la visitante vuelva a entrar en casa nuevamente y ponga en peligro todo su sistema educacional (perfectamente estudiado por los padres y llevado a cabo por puro "amor" hacia sus hijos, para que no sufran los golpes de la vida y para que sigan siendo siempre niños inocentes sin maldad). Ese leve e inofensivo contacto, el de la película olvidada, con otra realidad diferente a la cotidiana provocará consecuencias verdaderamente graves en el seno familiar y todo el falso decorado comienza a desmoronarse.

Los gatos son bestias salvajes capaces de despedazar a un hombre en segundos.

Habrá quienes tilden al largometraje de Lanthimos de aberración ficcional, pero no hemos de olvidarnos que lo que aquí se expone no es algo que no pueda llegar a pasar. Sin ir más lejos, deberíamos tener presente aquí el caso de Natascha Kampusch y de Josef Fritzl (el conocido como Monstruo de Amstetten), suceso real como la vida misma y verdaderamente dramático y sin las notas de humor negro (necesarias en el film y de agradecer) con las que el director salpica el largometraje en todo momento. Es curioso observar cómo los hijos, cual ciudadanos de un señor feudal, acatan todo lo establecido sin discrepancia alguna y sin plantearse tan siquiera rebelarse ante tal estado de dictadura (imagino que la ausencia de sublevación se debe al desconocimiento de que pueda existir tal concepto).

Ahora, llegados a este punto, se me plantea un pequeño dilema y un gran problema. Veamos. La película que acabo de comentar, me parece una gran película y de visión obligada... pero resulta que hay otro film, de 1971, de Arturo Ripstein (y desconocida totalmente por mi hasta hace unas semanas) de nombre "El Castillo de la Pureza" que me ha hecho cambiar de parecer en algunos (pocos) aspectos. Y es que las similitudes entre una y otra son más que evidentes y puede que más que casuales.

En esta película que les menciono, Gabriel (de una doble moral escandalosa) es un padre que ha mantenido a sus hijos (Utopía, Voluntad y Porvenir) y a su mujer (Rita) encerrados en la gran casa (una especie de castillo) en la que viven durante 18 años. La única ocupación de los integrantes de la familia es la fabricación de un raticida en polvo que el padre vende por los comercios del barrio. Todo va bien hasta que en sus hijos comienzan a despertar los efectos de la adolescencia. La historia está basada en un hecho real acontecido en los años 50 en México y que tan bien reflejó Luis Spota en su novela "La carcajada del gato".
Cuenta con una impecable y magistral dirección y una portentosa escenificación que dan al film un aire triste y melacólico muy de agradecer. El film tiene un aire Buñuelesco (y tal vez no sea casualidad que fuese por eso que le ofrecieron a él el proyecto en primera instancia) muy definido, sobre todo en lo del aislamiento de los personajes en ese entorno de soledad forzada (y no digamos ya si nos fijamos en los actores que conforman el reparto).

Aún así, a pesar de no tratarse de una idea nada original y de ser algo más que una casualidad fortuita, yo, personalmente, me quedo con Kynodontas. Me gusta más. Manías que tiene uno, oigan. ¿Qué le vamos a hacer?.
Si "disfrutaron" de obras como el libro "La broma infinita" o si les apasiona el Haneke más frío, asfixiante, desasosegante y sórdido, no lo duden. Esta es su película. Si no es así... no digan que no les avisé.
Y tratando de educarles a ustedes por el buen camino, como hace el protagonista de esta película con su progenie,les digo que comenten algo al respecto de este artículo, porque...
...comentario significa orgasmo.


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sábado, 10 de abril de 2010

The call of Cthulhu (o lo ominoso de Lovecraft hecho película)


“Jamás permitiré que nada que lleve mi firma sea banalizado y vulgarizado en ese sinsentido infantil conocido como “horror” entre las audiencias de cine y radio.”
Howard Phillips Lovecraft

Si hay un escritor que está maldito a la hora de que sus libros sean plasmados en imágenes, ese es sin duda Howard Philips Lovecraft.
Y digo maldito porque ninguna de las películas realizadas hasta la fecha (a excepción de "Re-Animator", de "In the mouth of madness" y la que nos ocupa) han conseguido plasmar con acierto las inquietudes y el terror cósmico que impregnan las letras escritas por el genio de Providence.

Lovecraft, seamos claros, no era un gran escritor, sus textos (en forma) son bastante normalitos y algunos propios de un novelista aficionado que encubre sus carencias con un exceso de adjetivos y una prosa cargada de aires decimonónicos, donde los diálogos son prácticamente inexistentes y con un nulo desarrollo de los personajes.
Tampoco era una persona que se hiciese demasiado de querer. Tremendamente intolerante, radical en sus convicciones, lleno de complejos e inseguridades, misógino y racista hasta límites insospechados (No en vano una de las poquísimas películas que le gustaban era "Nacimiento de una nación" de Griffith. Y todos sabemos de qué trata y cómo lo trata)...
Lo curioso es que, a pesar de todos estos "peros", su obra encierra una magia y un hipnotismo difícilmente explicable y raramente igualable. Yo mismo he devorado sus libros en la adolescencia, comprándome todo cuanto había en las librerías y leyéndolo hasta altas horas de la noche, fascinado y atemorizado (nunca olvidaré el shock que me produjo leer el final de "El retrato de Pickman") y los tengo a buen recaudo para que mi hija, cuando sepa leer, los "herede" y sienta lo que yo sentí con su lectura.

A pesar de la aversión que profesaba hacia el mundo del cine (aunque no tanta como la que sentía hacia el mar y los terrores que oculta en sus profundidades. Recordemos que de niño sufrió una intoxicación de pescado que le produjo altas fiebre y pesadillas y eso le marcó de por vida), este, el cine, ha sentido una fascinación especial hacia los relatos del escritor. De las numerosas adaptaciones que se han hecho de su obra, han sido un desastre en casi en su totalidad. O bien han hecho una mala elección de los relatos a plasmar en la pantalla, o bien han adolecido de falta de ideas y presupuesto. Aunque, si lo pensamos bien, transformar una obra de Lovecraft en un guión sólido, no tiene que ser algo fácil de conseguir, con todo ese universo primigenio y casi intangible; por ejemplo, si atendemos a palabras de Guillermo del Toro, entenderemos esto a la perfección: "Yo creo que Lovecraft es un autor dificilísimo de adaptar. Si la virtud de Lovecraft es decir que algo es ominoso, indescriptible, impronunciable e innombrable, el cine lo que hace es nombrar, cifrar y describir. Es lo anti-lovecraft.No hay una definición de lo que es absolutamente innombrable y enloquecedor: Lovecraft te puede decir "algo oscuro y reptante cruzó la puerta y Carter empezó a gritar y no terminó nunca" Puede terminar un cuento así, la literatura es así. En el cine tienes que definir cómo repta, cómo babea y cómo gime. Desde ese momento pierde la mitad de la potencia.". Tristemente, lo normal, es que lo Lovecraftiano de la mayoría de estos filmes sea tan sólo un sentimiento mínimo nada perceptible y, en el mejor de los casos el producto acaba siendo un subproducto de serie B o Z. Y es que como dice Guillermo del Toro, al dejar Lovecfraft que fuese el lector el que se imaginase el horror que se insinuaba en sus relatos, es muy, muy complicado que pueda cubrir nuestras espectativas cualquier adaptación fílmica.

Una de las primeras adaptaciones que conozco de Lovecraft, "El palacio de los Espíritus", llega de manos del "enfant terrible" de la serie B Roger Corman, que mezcló en sus películas los relatos de Poe y de Lovecraft para conformar una entretenida historia sin demasiadas pretensiones.
Un par de años después, sería Daniel Haller (director artístico de la arriba citada) el que trataría de adaptar, muy torpemente hay que decir, "El color que cayó del cielo" en "Die monster die", aunque con mejores resultados que la que se hiciese años después David Keith.
Poco después vendría "Curse of the Crimson Altar" de Vernom Sewell y que se inspira, vagamente, en el relato de "Los sueños de la casa de la bruja" y seguidamente a esta, "Terror en Dunwich", una muy fiel adaptación al manuscrito original pero con la aparición de una portagonista femenina que resulta muy chocante, dada la poca simpatía que Lovecraft sentía hacia el sexo opuesto (y es que el que su madre le visitiese y le cortase el pelo como si fuese una niña, le marcó también sobremanera) y puesto que los protagonistas de sus historias solían ser académicos en busca de manuscritos arcaicos.
En 1966 sería un novato David Green quien trataría de llevar a la pantalla la imaginería de Lovecraft en la película "The Shuttered Room", pero cualquier parecido con la obra del de Providence es meramente anecdótica. No en vano, cabe recordar que la historia que se adapta aquí tiene más de Derleth que de Lovecraft. Y eso se nota.
Pasarían muchos años hasta que alguien se animara a volver a intentar convertirse en Lovecraft. Pero la espera valió la pena, ya que "Re-Animator", de Stuart Gordon y Brian Yuzna, ha sido todo un hito en la historia del cine fantástico (De calidad bastante más baja y meramente anecdóticas serían las dos secuelas que siguieron a esta, "Re-Sonator" y "La novia de Re-Animator").
Puro divertimento transgresor y una locura recomendable, consiguió que con su éxito volviese a resurgir la pasión por adaptar a Lovecraft de nuevo y más teniendo en cuenta que la mayoría de los derechos sobre su obra ya no pertenecían a nadie y eran de dominio público. Llegaría así, un año después una nueva versión de "Granja Maldita", una tediosa, desagradable y aburrida película total y absolutamente prescindible.
Igual de prescindible es "El innombrable", basado en un cuento que apenas ocupa 10 páginas y que es una excusa más para mancillar el buen hacer de Lovecraft. Innombrable es sin duda el hecho de que este film tuviese continuación en "The Unnamable II: The Statement of Randolph Carter".
De "The Resurrected" poco puedo decirles porque no he podido verla, ni conozco a nadie que lo haya hecho, pero según he podido leer en la revista Fangoria, no escatima en litros y litros de sangre y casquería, así que...
Muchas ganas le tenía yo a "Necronomicon, Book of Dead", un film de relatos con un nexo común muy cercano al espíritu de películas con distintas historias de la Hammer y la Amicus. Pero a pesar de tener como referente a estas dos productoras, el resultado final es más que decepcionante y deja mucho que desear. Todo es, por así decirlo, "cutre" y se nota demasiado la falta de presupuesto (y de ideas para paliar ese handicap) y así, historias como "La sombra de Innsmouth", "La llamada de Cthulhu", "Aire frío" o "El que susurra en la oscuridad" no son sino ridículas adaptaciones de difícil visionado.
Si nos fijamos en el mercado patrio, el español, la cosa no solo no pinta mucho mejor, sino que en algunas ocasiones es más aberrante incluso.
Al poco de estrenarse la citada "The haunted palace", el inagotable Jesús Franco rodaría una fantasía onírica con tintes sadomasoquistas que los productores no dudaron en llamar "Necronomicon" (o "Succubus" en algunos lados) y que nada tiene que ver con el universo de Lovecraft.
Juan Piquer Simón, el rey de la serie Z española, se atrevería en 1991 con "La mansión de Cthulhu". Estrenada directamente en video, el film es de obligado olvido (nunca olvidaré ese amigo que tuve en la adolescencia que me decía "hay pelis malas, muy malas y La mansión de Cthulhu") y deberíamos tener suficiente con ver el comienzo de los títulos de crédito para desistir de continuar viéndola.
Y cuando pensaba que las palabras de eran ciertas al cien por cien y resultaba que la mejor película sobre del ToroLovecraft era una que no tenía nada que ver con su universo (hablo de "In the mouth of madness"), llegó...

THE CALL OF CTHULHU

Los miembros de la Sociedad Histórica de Howard Philips Lovecraf (HPLHS), en vista de las aberraciones que se han hecho en nombre de su idolatrado Lovecraft, decidieron ser ellos mismos los que llevaran a la gran pantalla toda la gloria y la magia de los textos del de Providence. El resultado fue la gloriosa película "The call of Cthulhu", que no sólo capta a la perfección la esencia de las novelas que le inspiran, sino que además es un buen film de bella factura visual.
A pesar de las limitaciones económicas y técnicas que tenía la HPLHS para llevar a cabo la película, exprimieron al máximo su ingenio y decidieron simular que la película era antigüa. Iban a rodarla como se hubiese hecho en 1925. Y ahí radica su mayor acierto y la clave de su éxito, que uno no puede por más después de ver la película que pensar que esta es la única manera posible de adaptar a Lovecraft. En silencio y en blanco y negro.
El film, bajo la batuta del director Andrew Leman y el guionista Sean Branne, emula a la perfección a cualquier película silente de aquella época, tanto en forma como en ritmo y el hecho de envejecer la imagen y de utilizar en los paneles de texto las palabras originales de Lovecraft, no hacen sino engrandecer más aún el resultado final y darle más coherencia.
Destacable es también la labor de la composición orquestada por Chad Fifer, Ben Holbrook, Troy Sterling Nies y Nicholas Pavkovic, que impregnan cada una de las escenas del dramatismo y la tensión necesarias en cada momento. En el apartado de escenificación del mundo de Cthulhu y de caracterización de los monstruos, la película se merece un 10 sin duda alguna. No se han escatimado esfuerzos a la hora de plasmar con rigor y literalidad el ambiente típico del mundo donde Lovecraft desarrollaba sus historias, al igual que es todo un acierto la forma en que se nos muestra al Gran Cthulhu, ese dios innombrable y tentacular.
La historia que se nos cuenta es por todos conocida (bueno, por todos los que alguna vez hayan leído a Lovecraft, claro está). Un hombre encuentra extraños manuscritos y figuras en una herencia recibida por su tío y emprende un viaje en busca de respuestas a ese misterio que , que le conducirán hasta un extraño culto que rinde pleitesía a una aberrante e inconcebible criatura de origen incierto.

Un film más cercano al expresionismo alemán (algo que hubiese agradado a Lovecraft, dado su obsesivo amor a la patria aria) de Murnau que a cualquier film americano de los años 20 o 30 y que, en denfinitiva, cumple a la perfección con lo que se espera de ella y se convierte, por méritos propios, en la mejor adaptación que se ha hecho sobre la obra de Lovecraft y que, ojalá me equivoque, se hará jamás sobre los Mitos de Cthulhu.

PH'NGLUI MGLW'NAFH CTHULHU R'LYEH WAGH'NAGL FHTAGN



miércoles, 7 de abril de 2010

La conversación de Francis Ford Coppola. Películas que nos marcaron. La visita de Luis Cifer


El amigo Luis Cifer (me encanta ese nombre, oigan), llegado desde "Las críticas de cine de Luis Cifer", nos viene a hablar de una gran película de Francis Ford Coppola, "The conversation". Esta película la volví a ver no hace mucho y la recuerdo a la perfección. Siempre me ha parecido un film maravilloso y calustrofóbico hasta límites insospechados. Pónganse cómodos y disfruten con Luis Cifer de...

La conversación (1974)


Uno de los recuerdos más terribles que tengo de niño es el visionado un Sábado por la noche de el film de Francis Ford Coppola La conversación (1974).

Cuando vi La conversación no entendí casi nada. Para mi mente infantil la peli fue un tormento con momentos de verdadero horror. Recuerdo vívidamente las escenas de un solitario Gene Hackman destrozando literalmente su apartamento en busca de algo que nunca llegará a encontrar (luego supe que buscaba un micrófono). Su obsesión por encontrar ese objeto me impactó mucho. Aún hoy me viene a la mente el film cuando estoy buscando esa cosa que hace unos segundos tenía en la mano y que misteriosamente ha desaparecido y no hay manera de encontrar. Igualmente su creciente frustración por no encontrar lo que busca me produjo un terrible desasosiego cercano a la claustrofobia.

Es curioso cómo podemos llegar a interiorizar cosas que no acabamos de comprender. Yo no entendía el motivo por el que era tan importante encontrar ese objeto pero la contagiosa frustración del film me sobrepasaba. La enfermiza obsesión del protagonista acaba por traspasar la pantalla y se contagia al espectador (aunque éste no entienda nada del film). Incluso mis padres se vieron superados, recuerdo el encendido comentario de mi madre cuando un desesperado Hackman destroza una imagen de la Virgen: “¡¡Qué culpa tendrá la Virgen!!”

Ya sé que esa peli no era apta para niños y quizás yo no debía haberla visto, pero así es la vida y así aprendí a ver cine. Viendo pelis para mayores en Sábado Cine. (Joder, hubo un tiempo en el que se emitía buen cine en televisión. Hubo un tiempo en el que Coppola hacía buen cine.)
Por eso creo que me gusta el cine que me obliga a pensar, que me sobrepasa y me hace esforzarme para comprender lo que ocurre en la pantalla. Aunque a veces sea casi imposible, como con el último David Lynch.

No he vuelto a ver La conversación, he leído bastante sobre ella pero prefiero no volver a verla para que no pierda esa aura de extraña fascinación que aún tiene en mi mente.
Años después leí sobre el terror psicológico. Yo ya lo conocía, lo había sentido con esta película.


lunes, 5 de abril de 2010

Very nice, very nice de Arthur Lipsset



"Cada plano tiende a tener su propia realidad; juntando muchos planos aislados los cuales tienen cada uno su propia realidad, emergera una realidad que tiene la simbólica característica de representar una situación de multiples realidades como puede ser la conciencia (o inconsciencia) de la colectividad humana."
Arthur Lipsset

Hasta hace unas semanas, Arthur Lipsett era un total desconocido para mi. Por suerte para mi ahora ya no lo es, porque es un cineasta asombroso, pionero del avant-garde al que el mismísmio Stanely Kubrick idolatró e incluso le pidió que rodara el trailer para su película "Dr. Strangelove".
Por cierto, Arthur le dijo que no. Prefería seguir innovando con la imágen y practicando con sus pequeñas obras de arte hechas de fotogramas.
Arthur Lipsett comenzó su filmografía con el atemporal, experimental, metafísico, rítmico y pausado cortometraje que nos ocupa.
"Very nice, very nice" data de 1961 y le valió estar nominado por este trabajo a los Premios Oscar en la categoría de mejor cortometraje documental. Es este un corto hipnótico y revelador, influenciado por el dadaísmo, los medios de comunicación, la guerra fría, los collages, el jazz más ecléctico y repleto de metáforas visuales y sonoras (increíble el ejercicio de deconstrucción de la imagen y el sonido, llevando a ambos al borde del abismo) de las que se sirve el cineasta para plasmar y retratar como pocos han hecho nuestro afán consumista.

"Very nice, very nice" comienza con una foto estática (todo el conjunto está conformado de esa manera aunque nosotros percibamos en él un movimiento que no existe como tal) de una gran ciudad (Paris, Londres y Nueva York) y unos edificios y sus ventanas. Lipsset parece querer decirnos que va a asomarse a cada una de esas ventanas, a cada una de esas fotos estáticas que conforman el edificio y mostrarnos nuestras vidas. Es simplemente magistral la manera en la que utiliza el sonido, que se emplea aquí como distorsionador de nuestra percepción sobre lo que son las ciudades y sobre lo que son nuestras contradictorias existencias, nuestras embarulladas palabras del día a día y la soledad del hombre del siglo XX.

Lipsset acabó sus días como muchos otros genios lo han hecho.
Suicidándose.
Sirvan sus obras como latidos de resurrección con la que recobre vida en nuestras mentes con cada visionado.
Les dejo aquí la obra (habrá más si así lo desean) de un artesano que le dijo que no a Kubrick y fue feliz creando grandes obras de arte a pequeña escala. Disfrútenlo.

jueves, 1 de abril de 2010

Invasores de Marte. Películas que nos marcaron. La visita de Kinezoe


Nos visita hoy el amigo Kinezoe, artífice del blog No todo es Kippel, un lugar donde se mezclan el cine, la astronomía y jazz del bueno (si es que existe jazz que sea malo). Como el mismo se define en su perfil, es un tipo honrado y yo diría que viajero en el tiempo; de otro tiempo tal vez mejor que este y tal vez más auténtico, donde personas como Marlow eran el prototipo de moda y de principios.
Sin más dilación, les dejo con su análisis de una película de esas que ves de pequeño y te marcan durante mucho tiempo (como a servidor). Con ustedes...

"Invasores de Marte"

Hay determinadas cosas en esta vida que vistas a cierta edad le impresionan a uno sobremanera. No recuerdo exactamente cuándo fue la primera vez que vi esta película -calculo que tendría unos siete u ocho años-, lo que sí sé es que hubo una época en mi tierna infancia en que andaba un poco obsesionado con el tema OVNI: mi mayor ilusión por aquel entonces era encontrar uno de esos cacharros en el cielo y poder contárselo a la gente (o eso es lo que yo creía; de haber visto uno, de seguro, me habría cagado en los pantalones...).

En "Invasores de Marte", un chaval aficionado a la astronomía con el que supongo no me costaría mucho identificarme, es despertado una buena noche por un fuerte estruendo. Al asomarse a la ventana descubre que un platillo volante desciende a pocos metros de su casa hasta ocultarse, supuestamente, bajo la superficie de la tierra. Al poco tiempo, la gente del pueblo comienza a desaparecer mostrando a la vuelta un extraño comportamiento: mirada fija y penetrante, gran frialdad y falta de empatía, agresividad... Todos poseen una extraña cicatriz en la nuca... Os aseguro que esa cicatriz, por tonto que pueda parecer ahora, fue la culpable de que aquel tierno niño que por entonces era tuviera más de una pesadilla. Pánico me daba...

Y bien, con motivo de esta interesante serie de entradas que ha puesto en marcha el maestro Crowley (Películas que nos marcaron...), he tenido la oportunidad de enfrentarme de nuevo a mis monstruos del pasado... He de deciros que ha sido fascinante revisitar esta pieza de culto con otra mirada algo menos ingenua pero igual de entusiasta que entonces.

"Invasores de Marte" (William Cameron Menzies, 1953) es auténtica serie B de los 50. Como tal hay que verla y como tal sigue conservando gran parte de su encanto. Nacida en una época, la Guerra Fría, en la que los mayores temores de la sociedad americana venían del otro lado del charco, a su director le dio por idear entonces una segunda amenaza algo más lejana si cabe: la amenaza extraterrestre.

La historia es muy sencilla y está contada con gran ingenuidad. Pero lo más curioso del caso es que en esta película parecen ser los adultos, y no el niño, los que pecan de una mayor credulidad: no deja de ser increíble, a la par que gracioso (visto hoy), que un astrónomo o un alto mando del ejército se crea a pies juntillas la primera declaración que pueda hacerle un niño sin necesidad siquiera de contrastarla...

Los efectos especiales son muy rudimentarios (no podía ser de otra forma teniendo en cuenta la fecha de realización y el bajo presupuesto con que contaba), las interpretaciones tienen un cierto aire a teatrillo de instituto que tira de espaldas y a los "mutantes" se les ve la cremallera que cierra sus trajes por la espalda... Jejeje... No obstante, repito, vista con los ojos adecuados esta producción sigue conservando todo su encanto. El encanto de un cine y una época que murió hace años pero que aún podemos disfrutar gracias al DVD y las nuevas tecnologías. Un cine ingenuo, sencillo y sin más pretensión que la de entretener al que nunca está de más volver de vez en cuando. Todo un clásico de la ciencia ficción de los 50.

En su día me marcó; hoy la considero obra de culto. Ya saben, no dejen de mirar al cielo (¿o tendría que decir al suelo?...) y atentos a la nuca, por si acaso. Nunca se sabe de dónde nos puede llegar el peligro...


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